lunes, 20 de septiembre de 2010

No es lo mismo: NEO-LIBERALISMO Y LIBERALISMO CLÁSICO

Por Alberto Mansueti


Liberalismo clásico (Classical Liberalism) es la corriente de pensamiento que propone el Gobierno limitado, y la economía libre o capitalista, su resultado natural. No confundir con “Liberalism” en inglés: es la que defiende exactamente lo opuesto. Tampoco hay que confundir con el “Neo-liberalismo”. Y el Neo-liberalismo es una cosa en el papel y otra en la práctica. Vamos despacio entonces ..


En los años ’80 el economista John Williamson se hizo famoso entre sus colegas con su libro “IMF Conditionality”. Expuso por primera vez el recetario que después sería el “Washington Consensus”. Enunciado como un Decálogo, en diez verbos, era así:


1) imponer disciplina fiscal;

2) reducir las tasas de impuestos y aumentar así la recaudación total;

3) reorientar el gasto público hacia la atención médica básica, la educación primaria y la infraestructura;

4) liberalizar las tasas de intereses;

5) mantener un tipo de cambio “competitivo”;

6) eliminar restricciones no arancelarias al comercio exterior, y reducir poco a poco los aranceles hasta un arancel efectivo promedio de 10 % a 20 %;

7) liberalizar el flujo de inversión extranjera directa;

8) privatizar las empresas estatales;

9) eliminar las barreras al ingreso y salida del mercado, reduciendo trabas legales;

10) fortalecer los derechos de propiedad privada.


¿Es bueno eso? Más o menos. Algunos mandamientos sí, otros no. Y otros son discutibles, en sí mismos o en sus consecuencias e implicaciones:-- es buena la disciplina fiscal, pero recortando gastos, no aumentando ingresos (1-2);-- la jerarquización de las funciones estatales es imprescindible, y es función del Estado construir obras públicas, mas no enseñar (3), y en todo caso la ayuda estatal a la educación de los pobres puede ser con cupones;-- es malo manipular el tipo de interés (4); pero también el tipo de cambio (5);-- ¿por qué no arancel cero? (6) ¿y por qué desregular los mercados (9) y la inversión extranjera (7), pero no la nacional, o la repatriada?-- es bueno privatizar los monopolios estatales (8), pero no para hacerlos privados sin dejar de ser monopolios. -- El monopolio viola el derecho de propiedad (10) de los otros. Monopolio no es una empresa grande, ni una empresa sola en un mercado. Es la que goza de privilegios especiales en impuestos, insumos, materias primas, aduanas, seguros, relaciones laborales o con los bancos, etc., otorgados como especiales y exclusivos favores políticos por Gobiernos y Legislaturas.


Pero, ¿se aplicó el decálogo en la práctica? Más o menos. Desde los ’90 hubo y hay reformas y medidas económicas muy mal concebidas y peor ejecutadas por los Gobiernos, el FMI, el Banco Mundial y Universidades asociadas. Si se observa de cerca lo ocurrido más allá del papel, hubo muy graves fallos; y de liberalismo clásico poco y nada:


#) El Estado no redujo drásticamente sus funciones. No conforme con su rol de diputado o senador, juez, policía y soldado, diplomático y contratista, quiso seguir de maestro y educador, médico, odontólogo y bioanalista, promotor deportivo, científico, artístico y cultural etc., y ductor general de la sociedad. Y en lo económico apenas admitió cambiar en algunos casos su papel de propietario de empresas por el de gerente y director general.


#) En consecuencia los Gobiernos no redujeron competencias, poderes y prerrogativas, ni tamaño ni presupuesto. ¿Y su personal? A veces, muy poquito.


#) Tampoco redujeron el gasto estatal, ni cesó el endeudamiento público. Las privatizaciones fueron fiscalistas, y capitalizaron a los Gobiernos. Los monopolios estatales fueron privatizados sin dejar de ser monopolios, para exigir precios muy por encima del real valor de mercado de los activos, sólo a tiro de grandes complejos empresariales y consorcios internacionales apalancados por grandes Bancos. Y que después recuperaron sus enormes inversiones con elevadas tarifas, para usuarios y consumidores tan pobres como antes, o más.


#) No aceptaron eliminar la inflación como medio de financiarse, sólo reducirla. Por ello se siguió con la emisión de papel sin respaldo real (metálico u otro); con la banca de reservas fraccionarias; y con la manipulación artificial de las tasas de interés a la baja, estimulando el endeudamiento.


#) La inflación fue parcialmente reemplazada por el IVA y otros tributos, y los aranceles fueron sustituidos por los derechos antidumping, pero la presión tributaria no se redujo, al contrario.


#) No derogaron las leyes malas (que describo en mi libro “Las leyes malas”); todo lo contrario: también subió la presión reglamentaria. -- Los monopolios privatizados fueron encuadrados en los reglamentos pero sin someterse a la justa dictadura de la abierta competencia. -- Según la nueva ortodoxia económica, los controles de precios fueron reemplazados por las leyes del Consumidor y “pro competencia”. -- Según la nueva “política correcta” se introdujeron costosos reglamentos laborales, ecoambientalistas y de “género”, de la niñez y adolescencia, indígenas, discapacitados, etc.-- Y las burocracias se extendieron a toda la economía y a la vida nacional entera, impidiendo a las iniciativas individuales expresar su creatividad y fructificar.


#) El viejo modelo cepalista de sacrificio de la exportación en aras del mercado interno se cambió por el opuesto: sacrificio del mercado interno en pro de la exportación, pero siempre con la planificación central. Sólo cambiaron sus objetivos y modalidades, y los sectores protegidos, pero no el proteccionismo.


#) La integración latino o centroamericana, caribeña, andina o mercosurista, no hizo liberación comercial. Sus listas de excepciones siempre fueron más extensas que los propios acuerdos, y letra chica mata letra grande. La visión de “bloques” políticos no es de Milton Friedman ni de la Escuela de Chicago; es más bien típica de la teoría “dependentista” del subdesarrollo de los ’50 a los ’70: Raul Prebisch, André Gunder Frank, el ex presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso, Enzo Faletto, Celso Furtado, Enrique Iglesias, Osvaldo Sunkel y Pedro Paz.


En resumen: los cambios fueron pocos, mal orientados, muy alejados del libre mercado. No idóneos e insuficientes. Puros fracasos. Pero poco y nada de liberalismo tuvieron, y el nombre que le cabe a eso sería ¡Neo-mercantilismo!

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