viernes, 1 de octubre de 2010

La salida: Deslegislación para empezar

Por ALBERTO MANSUETI

A continuación extractos del libro Las leyes malas y el camino de salida del profesor Alberto Mansueti.


Las leyes malas son miles en Venezuela. Algunas son muy viejas, pero no son malas sólo por ser antiguas; ni las posteriores son buenas sólo por ser más nuevas. Muchas de ellas no son de factura local sino que provienen de las Agencias de la ONU, parte de un Gobierno Mundial que ya existe, fruto de la globalización no del mercado sino del Estatismo.


Tales leyes son la encarnación de “el sistema” a cambiar: Se inspiran en ideas, conceptos, teorías y valores contrarios al desarrollo, y generan las instituciones que lo impiden. Con destructivos efectos sobre los negocios y la economía, la educación y las personas. Son causa principal de la pobreza, la inflación y el desempleo, los salarios insuficientes, y muchas rupturas y desintegraciones familiares.

Todas las leyes vigentes deben pasar un riguroso examen y revisarse muy en particular las especiales: Injustas, inmorales, antieconómicas e irracionales. Deben ser corregidas, en todo o en parte, muchas de ellas; y otras total o parcialmente derogadas.


La doctrina de las leyes malas fue expuesta al gran público en el Siglo XIX por el francés Frederic Bastiat, en sus muy didácticos ensayos, La Ley y el popular Lo que se ve y lo que no se ve. Bastiat se inspiró en los activistas Cobden y Bright, fundadores en Inglaterra de la Liga de Manchester contra las Leyes de Granos, que encarecían los precios de los alimentos protegiendo al agricultor inglés con barreras arancelarias a costa de desproteger al consumidor inglés, y que finalmente en 1846 fueron derogadas, no sin intensa y agitada campaña de opinión.


A mediados del Siglo XX, el periodista Henry Hazzlitt divulgó esta doctrina en EE.UU. con su breve y famosa Economía en una Lección, un librito que lleva el análisis crítico más allá de los aranceles, y estudia los malos resultados de las leyes de impuestos, permisos y licencias, trabajo y sindicatos, alquileres y contratos, etc. Después llegaron más sesudos estudios académicos de una disciplina universitaria llamada “Derecho y Economía,” sobre los efectos económicos del Derecho: no sólo la ley, sino también la jurisprudencia de los tribunales y las ideas jurídicas.


Resumidamente la doctrina de las leyes malas dice:


— Que las leyes deben ser juzgadas no por sus fines declarados, sino por sus efectos y resultados reales, muchas veces no siempre visibles, ni de corto plazo, pero sin duda catastróficos.

— Que aprovechan a unos sectores a costa de otros, o de los contribuyentes.

— Porque sus beneficios no operan del modo en que suponen y alegan en su exposición de motivos.

— Por eso sus beneficiarios no siempre son los declarados, sino los grupos de intereses especiales en cuyo exclusivo provecho son negociadas y dictadas.

— Y perjudican directamente a ciertas categorías y sectores — a veces los mismos supuestos defendidos — e indirectamente al público en general.


Y que para derogarlas se requieren tres factores:


• Una fuerte corriente de opinión consciente de su existencia y de los daños que producen.

• Un partido político bien articulado, sólidamente implantado y mayoritario, capaz de expresar y liderar aquella corriente de opinión.

• Y un centenar de diputados elegidos con el mandato expreso para derogar las leyes malas, para así abrir paso a las cinco reformas pendientes y a su instrumentación apropiada.

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