domingo, 12 de junio de 2011

La Sequía Permanente de México

Por Ricardo Valenzuela

A principios de los años 60 azotaba a Sonora una de las peores sequías de su historia. Un buen día acompañaba a mi abuelo al Banco Ganadero cuando se encuentra con uno de esos clásicos envidiosos que lo aborda; “se te ha muerto mucho ganado ¿no?” “Así es”, responde mi abuelo. Arremete el amigo; “Pero me dicen que mucho”. “Si, mucho”, acepta mi abuelo. Con cara de orgasmo su interlocutor insiste. “Me dicen que se te mueren más de 100 reses diarias, ¿es cierto?” Mi abuelo ya molesto revira: “así es, y si no llueve en los siguientes 20 años, esta sequía me va a dejar sin ganado.” El mensaje era que atrás había muchos años de trabajo, sudor y lágrimas para que una sequía acabara con todo.

Hace poco recibí una invitación para participar en un grupo de debate cibernético bautizado, “acción humana,” en homenaje al gran economista, Von Mises. El grupo ha puesto sobre la mesa el tema clásico de la pobreza de América Latina, y surge la comparación de las grandes disparidades ahora con la riqueza de los países de Europa que durante años han estado, política y económicamente, controlados por los partidos estatistas conocidos como social demócratas. Es decir, nuestros perredistas continentales afirman que sus recetas funcionan y su argumento es la riqueza de naciones como Suecia, Finlandia, Alemania, Francia e inclusive Inglaterra.

El fuego cruzado ha sido extenso para alcanzar el blanco de las trincheras enfrentadas en la batalla. Este es un tema apasionante.

Años atrás en una charla en la ciudad de Denver, hacía yo una agresiva defensa del liberalismo y atacaba el socialismo, en eso una dama me interrumpe agrestemente para, casi con furia, rebatir mis argumentos afirmando ser originaria de Suecia, país orgullosamente socialista y, sobre todo, me grita, más rico y desarrollado que México. Su ataque me tomó por sorpresa y en esos momentos no tuve yo armas para repeler su agresión. Pero el tema se anidó en mi subconsciente para posterior análisis. Conocía yo el origen de la pobreza de México, pero no me explicaba la riqueza socialista de Suecia.

La discusión del grupo ha coincidido con un par de lecturas que me ocupan en estos momentos y me ofrecen las ansiadas armas de las cuales carecí ante la dama sueca. Hace unas semanas inicié la lectura de dos libros que ha arrojado luz en mi sendero: “Los Hermanos Fundadores,” “La Sociedad Secreta más Poderosa del Mundo.” El primero es una historia no tradicional de la forma en la cual los discípulos de Washington lucharon por esculpir el nuevo país, luego de que el padre de la patria se retirara al final de sus dos periodos como el primer Presidente de la nueva nación. El segundo es la historia del liberalismo de los masones en Europa.

Los primeros años de la vida independiente de los EU, fueron sólo para la  reconstrucción de los daños provocados por su guerra de independencia. Sin embargo, al momento de que Washington abandonara el poder, se inicia un feroz enfrentamiento entre dos grupos conocidos como Federalistas y Republicanos. Los primeros encabezados por Hamilton, los segundos por Thomas Jefferson. Hamilton trataba de establecer un esquema económico-político similar al de los países de Europa monárquica cuya metamorfosis, impregnada por la revolución francesa, daría vida a los socialdemócratas. Jefferson pretendía un nuevo experimento, un país basado en las ideas de libertad tan claramente expuestas por Locke en su ensayo “Dos Tratados de Gobierno.”

La coalición entre estos dos hombres fue a muerte utilizando tácticas que a Roberto Madrazo lo harían parecer un adalid de la integridad política. Jefferson emergió victorioso para convertirse en el tercer presidente del país, y de esa forma iniciar la construcción de lo que sería el milagro del Siglo XIX. Los EU implementaron el concepto de capitalismo democrático que, en menos de cien años, les permitió arrebatar el liderazgo mundial que Inglaterra acaparara durante quinientos años. La declaración de independencia de EU y la publicación del libro de Adam Smith, “La Riqueza de las Naciones,” tienen el mismo aniversario; 1776.

Washington era el padre de la nueva democracia liberal, y ahora Smith se convertía en el padre de esa nueva ciencia; la creación de riqueza. La obra de Smith no era para aristócratas ni para Reyes. El simpatizaba con el ciudadano común explotado durante siglos, ahora era su oportunidad de liberarse de la jornada de 16 horas de trabajo, salarios de hambre y una expectativa de vida de solo 40 años. La obra de Smith situaba en el centro del debate económico el análisis de la conducta del individuo en busca de su interés personal, en un ambiente de competencia y libertad. El libro de inmediato fue prohibido en España por la Sagrada Inquisición y, por ello, en México nunca lo conocimos.

Las ideas de Smith iniciaron su enraizamiento en todo el viejo Continente cuando los europeos se dieron cuenta que el ingreso de Inglaterra, en las primera décadas del Siglo XIX, se disparaba de forma explosiva. A finales del Siglo XVIII el ingreso per cápita de los británicos no llegaba a $1,000 y había permanecido constante durante casi 1,000 años, pero hacia finales del siglo ya alcanzaba los $6,000. Bastiat y Say tejieron el concepto en Francia pues ya otros economistas como Cantillon y Turgot portaban la semilla. La fiebre del mercado se extendió cuando Tocqueville, en 1810, con su Democracia en América reseñaba el nuevo país llamado los EU y el paraíso de libertad que había descubierto.
El líder del grupo debatiendo, Gabriel Boragina, desde Argentina afirma la riqueza creada en Europa fue tal, que ni aun los cien años de agresión social demócrata han logrado postrar el continente en la miseria que nos agobia en América Latina. Afirma Gabriel; “admiradores de su economía parecen olvidar que Europa tuvo un siglo y medio de capitalismo. Los finales del siglo XVIII y todo el siglo XIX, fue la época de oro del capitalismo en el mundo y Europa no fue una excepción. A este periodo capitalista debe su actual prosperidad cada día decadente. Una prosperidad que la agresión socialista y mercantilista no ha podido destruir, pero sí gravemente enfermar.”
Entonces, cómo le respondía mi abuelo a su envidioso amigo, si a los europeos no les llueve en los siguientes años, ya si se les acaba el ganado pues la sequía social demócrata los ha golpeado demasiado. Pero si quieren terminar el trabajo de forma más expedita, les enviamos a Hugo Chávez, Fernandez la Roña, Lopez Obrador y en especial al PRI, pues sin duda ellos rápidamente lo completan puesto que sus huestes han provocado esa eterna sequía de México y América Latina, que nos obliga a quemar cholla para alimento del cada día más enclenque rebaño que ya muestra sus lomos como si fueran marimba. Y ¿se mira relampaguear? Cahita.

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